lunes, 21 de abril de 2008

LAS MOMIAS DE LA FUENTE

"Caminamos juntos por aquellos valles desavenidos". ¡Yo llevaba en mi lugar desdichados recuerdos de arcaicos sueños! ¡El arcoíris brillaba en sus colores destellantes, y las montañas parecían desplomarse sobre mí! "Estaba muy cansado, casi sin fuerzas… totalmente debilitado".

¡Escuchaba la voz! Esa voz de... "nadie" que me hablaba desde muy lejano pías. Tan lejos, quizás, que a penas podía oír lo que quería decirme o reclamarme. ¡Pero…! ¿qué quería reclamarme? ¿Qué daños hice en otras vidas? ¿Viene alguien del otro mundo a decirme lo que debo pagar? ¡Oh sí! ¡Eso es…! La voz viene de aquél otro lado de la existencia ¿pero, cómo me llama por mi nombre? ¿Quién me habrá defraudado?

Después, las montañas. "Enormes montañas", parecían elevarse hacia el empíreo, y yo junto con ellas. ¡Parado en la cima de tan altas tierras "sentía" subir! "Y subía como sube una ballena desde las profundidades del océano; pero del océano que no es océano, si no... ¡alma!

¡Quise correr…! y algo más fuerte que yo, "fuerzas del mal", talves, me detuvieron, y sin poder escapar caí con premura sobre un río que me arrastró sin piedad. Las corrientes torpes me condujeron hacia un mar que dividía a este mundo del "otro", pero también, que era frontera del ¡alma mía! y de la regia que sobre mí se posaba.

Pero… ¿de qué fantástico, otro mundo se está hablando?
¿Qué nos dividía en aquél entonces? ¿Cuál era la vida que emergía de virtud, en las montañas? ¡Mis compañeras!

"Con aquella incógnita en mi cabeza constelada y confusa, intenté escapar de la inmensidad del agua que me apresaba entre su inmensidad, pues a pesar de de mi bruto esfuerzo, no pude si no hundirme mas entre la frescura cristalina, de quien estaba enamorándome".

"Parecía extraño que el mar tuviese sentimientos". ¡Era incomprensible!, tan elevado sentimiento de atrapar y ahogar en un instante de insomnio. Desconcertado, ¡puse al alma en su lugar, dentro de su alma!. "En mi propia alma."

Vago mi esfuerzo. Al fin conseguí mi experimentado deseo de... "escapar" de aquella estancia. Estaba helándome la memoria, pareciera desaparecer... e inconcebiblemente voluptuosa volvía en éxtasis. "No sentía razón de mi existencia ¿será porque tal liquido, se metió en mi cabeza? O… ¡porque no existía yo! ¿Cuál era entonces el motivo de existir? ¿Para qué habría de sentirme en un cuerpo de piedra, y sin correr por el mundo mi voz? ¿En qué lógica del ser humano puede caber tan desagradable aliento de su existencia?"

Seguí caminado y pensaba en "mí". Sin pensar ni en el agua, ni en la tierra, ni el universo. ¡Sentí ser todo eso! al mismo tiempo en que tomaba el camino de regreso a mi vida. Mas no pude regresar… no pude volver jamás. No me dejaron salir los habitantes de un valle boscoso. Eran raros y con rostro desagradable, mitad carne, mitad... ¡piedra!.

- ¿A qué has venido? – preguntó secamente uno de ellos. Por su imponente aspecto, supuse inmediatamente que era el dios de aquellos seres extraños, quienes hacían llamarse, Etneuf Saimom.
- ¡No he venido a propósito! – respondí tratando de sonreír.
- ¿Qué helado mar te ha traído a pisar tierra sobre nuestra existencia? – preguntó nuevamente.
- No recuerdo – fueron mis últimas palabras.

"Afanado en despertar, no pude más que volver a un nuevo lugar. Dormía mi ser entero. Dormía mi alma también, y mi espíritu aun dotaba de existencia permanecía inmóvil en lo alto de las montañas y el escrúpulo retumbaba como retumban las caderas del ángel endemoniado del mas allá".

Intenté volver al silencio de donde partí, pero solo encontré ruidos raudos que amenizaban sobre la tierra. No quise volver entonces, pensé reencontrarme con los Etneuf Saimom y a si sucedió. Para mí habían pasado algunos segundos y para ellos habían pasado siglos. "Sin comprender", pareciera que su veloz manera de vivir se caracterizaba en retroceder y aunque para mí, era que iban hacia los siglos del porvenir. Para ellos, el futuro es su pasado y su pasado retrocede al presente

- ¿Shick moylius? – Profirió uno de ellos. Traté de esforzarme en atender tan extraña interrogativa pero me fue inútil saber lo que decía.
- No entiendo… - dije temerosamente.
- ¿pashtioit sim jiurs? – encolerizó y estuvo a punto de atravesar una extraña lanza en mi pecho. Pero fui salvado por un anciano que gritó desde algún lugar del universo, al mismo tiempo que cruzaba una estrella, como gota de agua y se prendía la luna en forma de mar. Olas negras se sumergían entre un impasible agotamiento del zafiro.
- ¡Es el elegido! – dijo una bella dama mientras fruncía su frente en dirección hacia el cielo.
- ¡Imposible! – refirió uno de ellos con un enorme cuchillo que apuntaba elocuentemente hacia mi cuello.

Sin siquiera comprender lo que concernía a defender mi existencia extra decimal que no existe en este mundo, quedé estático en aquella varada montaña que se hundía junto con mi inconsciente razonamiento.

Traté de correr, pero fue inútil escapar. En todo lugar estaban, en todo momento, en cada dimensión de mi sueño los encontré. Luché hasta caer casi muerto. Me llevaron entonces a un lugar que parecía extraordinario por su fama de canto angelical o… quizás demoniaco.

Permanecí atado hasta que un anciano, que casi se llevaba el viento, se paró frente a mí diciendo locamente:

- ¡Tú salvarás mi existencia! Soy uno, mas tú ves millares. – y sonreía diabólicamente.
- No me importa quién sea, déjeme volver. – repliqué.
- ¿volver? – dijo con acento de impertinencia.

Todo era extraño… algunos hablaban en dialecto diferente, y otros habían, con los que podía entablar conversación.

Luché con aquél loco ser quien hacia llamarse Soid. Atravesó su lanza enorme en mi pecho, aun sobre mis pies, pude dar con mi puño el cual se convertía en piedra, en su cabeza.
Quise volver… parecía que la muerte estaba de mi lado y la larga existencia del suyo. Luchamos rudamente hasta quedar sin aliento. Una luz que lo iluminó a él, dándole poderes sobre cualquier naturaleza humana, me aventó a larga distancia, hasta que impávido, me levanté y queriendo volver en su lugar para seguir luchando por mi existencia; quedé parado como una estatua.

El viento fue soplando cada vez más fuerte. Sentía volar en su ímpetu rebelde. El anciano desapareció de repente. Vi como fueron desapareciendo los arboles, todo lo que yacia sin vida desapareció y lo que tenia vida también. Comenzó una transformación inimaginable de explicar y de creer. Quise volver, volver al tiempo de mi infancia. Al tiempo en que mi cuerpo era mi transporte favorito. Al darme cuenta, casi enloquecí al enterarme de aquella ciudad encantada. Desde entonces veo todo lo que sucede en esta fuente, en la permanezco desde hace siglos. Ahora se ha convertido en un bello parque, hay una especie de pileta con una estatua sobre si, y brota de ella agua. Nadie puede escucharme. Los habitantes de este mundo me miran pensando que no existo y se embelesan también a mi lado, pero no puedo voltear para descubrir lo que ellos han descubierto.

Un siglo de tantos que he pasado: mi espíritu cerró sus ojos de alba, y mi cuerpo tembló; Dando noticia de que había vuelto en sí. Pero quede igualmente atrapado en este cuerpo de piedra que ahora posa junto a mi alma... e indescubierta inexistencia.

1 comentario:

aquella dijo...

saludossss bonito relato..
besoss